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EL DIARIO digital
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Por Walter Goñi (*)
En el actual tablero del Partido Justicialista de La Pampa no hay margen para las almas sensibles ni los caídos del catre. La dirigencia conoce de memoria las reglas, los tiempos y el grosor de la rosca. Mientras en la capital provincial se juega a la política sin mostrar las cartas, manteniendo la aspiración oculta pero operativa, y la oposición afila los dientes tratando de encontrar un líder que no espante votos, en la trinchera de la Línea Plural el mensaje baja con la claridad de una orden de regimiento. Carlos Verna -el hombre del dedo y de la lapicera en el PJ pampeano- sabe que el humor social está inflamable, rechaza por estas horas a un outsider de laboratorio y sabe que necesita refrescar el menú dentro del propio restaurante: la oferta que se le habría ocurrido es que La Pampa sea gobernada, por primera vez en su historia, por una mujer.

En la cocina de esa propuesta, la irrupción de Alicia "La Flaca" Mayoral y su salida a la mesa no tiene nada de fortuito. Es la carta jugada con la muñeca pesada del peronismo tradicional, un movimiento que desactiva cualquier intentona de rebelión al recordarles a todos dónde atiende Dios en esta provincia.
Nacida el 15 de julio de 1960 en Francisco Madero -aquel mismo terruño bonaerense que nos regaló al inefable Jorge "Toto" Matzkin-, Mayoral y su familia recalaron en General Pico a finales de los '80, mientras escapaban de las inundaciones.

Su currículum prescinde de toda pompa académica. Antes de convertirse en una figura de peso de la política local, despachaba en la cantina de bochas del Club Argentino de Pico y caminaba las calles de tierra del barrio Los Ranqueles, donde su núcleo duro aún le profesa una devoción casi mística. De aquella época fundacional sobrevive una anécdota que a Verna le fascina desempolvar en las sobremesas para ilustrar el concepto de lealtad absoluta: siendo una simple vecina de una unidad básica, en una ocasión, Mayoral le pidió plata al cacique en persona para socorrer a una familia necesitada. Verna (en un rapto de generosidad que la liturgia oficial exige creer sin hacer preguntas) le entregó un puñado de billetes de su propio bolsillo. "La Flaca" no solo compró lo necesario, sino que regresó y le devolvió el vuelto con la precisión de un relojero suizo. Esa hazaña del cambio chico selló un pacto político inquebrantable que perdura en el tiempo.

En la geografía de Pico, Mayoral forjó también su guerra fría particular con la actual intendanta Fernanda Alonso. Una diplomacia de miradas donde Alonso encarna el desgaste de la burocracia municipal, y Mayoral opera con la comodidad de ser el altavoz directo de El Barba. Claro que Alonso, consciente de que también ostenta chapa de mujer fuerte del norte y haber manifestado públicamente sus propias aspiraciones al sillón del Centro Cívico, otea de reojo esta movida: sabe que la bendición de la casa matriz vernista por ahora no la llevaría en la boleta principal, dejándola en la incómoda posición de tener que aplaudir la jugada o hacer sonar los platos en el patio trasero.

Familiera en grado extremo y presencia ineludible en los tablones futboleros -herencia de su hijo mayor, Marcos Agustín Gelabert el "Pampa" Gelabert-, la actual vicegobernadora supo tejer una red de contención afectiva donde la sangre y la plantilla del Estado provincial exhiben una coincidencia conmovedora. Sus tres hijas revistan en las filas del empleo público. Las dos menores son comunicadoras, y la más chica comparte la vida con Malco Steinbach, un muchacho oriundo de Villa Mirasol que protagonizó un milagro mediático: pasó de los micrófonos de pueblo a comandar uno de los canales de streaming más lujosos de la provincia. La logística sentimental se completa con su actual pareja, Sergio García, ex secretario privado de Verna, siempre dispuesto a ordenar el tránsito en los pasillos del poder. De su primer marido y padre de sus cuatro hijos, Eduardo Gelabert, no se sabe nada desde hace un largo tiempo.
Con los años, aquel perfil de militante franciscana que le valió el apodo sarcástico de "la Elsa Labegorra de Pico" (una comparación que probablemente no le guste) sufrió las mutaciones propias de la dieta oficialista: Mayoral dejó la modestia barrial por una amplia residencia sobre la avenida Circunvalación de General Pico.

Sin embargo, la verdadera alquimia ocurre en los despachos públicos. En su última declaración jurada ante la Fiscalía de Investigaciones Administrativas, la vicegobernadora declaró un patrimonio neto de apenas $17.377.099. Una cifra que en el despiadado mercado inmobiliario actual apenas alcanza para una cochera ni siquiera bien ubicada, pero que en la contabilidad creativa de la burocracia pampeana rinde con una elasticidad digna de asombro.
El tránsito de Mayoral por la superestructura jamás requirió de armados propios: fue secretaria de Política Social bajo el ala de Sergio Ziliotto cuando fue ministro de Bienestar Social, diputada en dos ocasiones y actual vicegobernadora. Su lealtad no admite fisuras ni librepensadores.
Pero más allá del folclore, su eventual candidatura encierra un caramelo envenenado y exquisito para la interna: de imponerse en 2027, Mayoral consumiría su segundo y último mandato en el Ejecutivo pampeano, quedando constitucionalmente inhabilitada para buscar la reelección en 2031. El vernismo encontró el producto ideal: una candidata con fecha de vencimiento garantizada. Un detalle técnico que funciona como un sedante perfecto para la jauría de ambiciosos que, desde hoy mismo, ya están tachando los días para el recambio siguiente.

Ahora solo resta saber si la irrupción de Mayoral en la carta principal responde a una convicción real del conductor o si se trata, en cambio, de una fría maniobra de exposición. En el manual del peronismo pampeano es bien sabido lo que le ocurre a quien se apura en la largada o se encandila creyéndose el caballo del comisario: en la política local, ser lanzado con tanta anticipación suele parecerse más a un desgaste programado que a una verdadera bendición.
Que ningún precandidato se acomode demasiado en el sillón ni confunda el silencio con distracción: en las próximas entregas, la lupa de esta columna se posará sobre ellos, incluso en aquellos tapados que, creéndose invisibles, ya empezaron a medir las cortinas de Casa de Gobierno.
(*) Director Periodístico de El Diario de La Pampa