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EL DIARIO digital
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General Pico (Agencia) Los concejales y concejalas piquenses ya tienen en sus manos el nuevo contrato de concesión de los servicios de agua potable y cloacas, que se extendería por 15 años, luego de una extensa negociación entre representantes de la Municipalidad, Corpico y el Ente Regulador de Servicios Públicos Concesionados. Tarifas, controles y la calidad del agua fueron algunos de los temas que estuvieron bajo la lupa y ahora serán revisados por el Concejo Deliberante.
El contrato vigente, que venció el año pasado y se estableció una prórroga para cerrar el acuerdo, había sido firmado por el término de 30 años en 1994. El nuevo contrato de concesión se planteó por 15 años, a partir del próximo 1 de mayo, lo que le daría al Concejo un mes para el debate en comisiones, trabajo que recién está por iniciarse con una rueda de reuniones con referentes de Corpico, la Municipalidad y el Ente Regulador de Servicios Concesionados.
La renovación del contrato de concesión de los dos servicios, del municipio a manos de la cooperativa local, es de alguna manera el cierre de los trabajos que las actuales autoridades políticas encararon como uno de los temas prioritarios de la gestión. En ese sentido se proyectó y se invirtió como no había sucedido en décadas, luego de que las anteriores administraciones mantuvieron la problemática bajo la alfombra y dejaron a la ciudad al límite de la falta de provisión de agua potable, lo que implica al mismo tiempo afectar la calidad del recurso.
El Diario dialogó con dos fuentes que participaron en forma directa de las tensas negociaciones que comenzaron en febrero de 2024 y lograron tener un cierre un año después. Como en todo contrato, las discusiones pasaron por plata, pero también por las responsabilidades de una y otra parte y las garantías para ofrecer un buen servicio.
Tarifas
Según indicaron a este medio, el tema tarifas fue uno de los que más dilataron el acuerdo entre concesionario y concedente, siempre con la amenaza desde la cooperativa local de "abandonar" la prestación del servicio, algo que a las autoridades políticas no atemorizó al punto de ceder. Por el contrario, desde el municipio se buscó en "blanquear" los números sobre la mesa.
Sabido es que, en cada actualización de tarifas para agua potable y cloacas, desde hace algunos años la cooperativa presenta porcentajes de aumentos con "errores" en los cálculos que, una vez revisados por el Ente Regulador de Servicios Concesionados y autoridades municipales, terminan en incrementos tarifarios que representan hasta la mitad de los pretendido por Corpico.
En el marco de esta discusión, desde la Municipalidad se planteó la necesidad de establecer una fórmula clara de costos para evitar "errores" y extensos debates.
Pero, además, la idea del Ejecutivo es avanzar también en conocer el costo real para la prestación de servicio, para evitar pagar de más por un servicio que quizás se puede brindar de manera eficiente con menor estructura. En ese sentido, conocida es también la gran cantidad de personas y "amigos" que la nueva dirigencia solidaria en los últimos años hizo entrar a trabajar en diversas áreas de la cooperativa, por lo tanto, la cantidad de personal en los servicios concesionados no escaparía a dicha revisión.
Calidad
Las nuevas perforaciones gestionadas por la actual administración comunal permitieron no solo garantizar la cantidad de agua, sino también la calidad de la misma al dejar de sobreexplotar el acueducto Pico-Dorila. Aun así, lejos está la ciudad de acceder a un agua subterránea de buena calidad porque toda la zona norte se encuentra afectada por la fuerte presencia de arsénico, entre otros contaminantes.
Según un estudio de la Universidad Nacional de Rosario, en Argentina hay 17 millones de personas en 12 provincias que están expuestas al consumo de arsénico en el agua que beben. Los autores de dicho estudio calificaron la problemática como una "epidemia" y reclamaron a las autoridades políticas dejar de mirar para otro lado y centrar la atención en ello.
La Organización Mundial de la Salud estableció un máximo permitido de arsénico en agua de 0,01 mg/l, mientras que el Código Alimentario Argentino colocó la barrera en 0,05 mg/l. Si eso parece mucho, La Pampa, por tratarse de una de las zonas afectadas, aún se maneja con valores reglamentados muy por encima del Código Alimentario Argentino. En el nuevo contrato de concesión se permiten valores de arsénico que van de 0,15 a 0,18 mg/l.
Según indicaron a este medio, en el contexto de la discusión, desde la cooperativa habrían supeditado la firma del convenio a una modificación que eximiera a la entidad solidaria de la responsabilidad de entregar agua de calidad.
La sugerencia, casi en tono de amenaza, fue rechazada de plano por parte del municipio no solo por "descabellada", sino también porque la calidad del agua nunca fue un tema puesto en discusión por parte de los representantes de Corpico en la Unidad de Gestión del Acuífero Norte.
Las fuentes consultadas, que gestionan y abordan la temática desde cerca, admiten -y de alguna manera se conforman con ello- que se tiene "el agua posible" en función del recurso hídrico que tiene la provincia.
Lo se hizo en los últimos años
La intendenta Alonso asumió con una ciudad que no podía autorizar nuevos desarrollos inmobiliarios por la falta de agua potable, mientras se corría el riesgo concreto de interrupciones del servicio para quienes a diario abrían la canilla para diversos usos.
La primera medida fue crear la Unidad de Gestión del Acuífero Norte, que conformaron los municipios de Pico, Vértiz, Dorila, Metileo, Speluzzi, junto a la Secretaría de Recursos Hídricos y la participación de Corpico como ente concesionario. Allí, la jefa comunal planteó la necesidad de contar con obras de corto, mediano y largo plazo, que garantizaran el abastecimiento.
En lo inmediato, se sectorizó a la ciudad de Pico con cisternas barrio Federal (norte), Los Horneros (sur) en el marco de una inversión millonaria que se gestionó a nivel nacional para dotar de agua potable y cloacas a un gran sector de la ciudad, junto a la cisterna de 5 mil metros cúbicos que Provincia construyó en el predio de APySU.
Las tres obras, que garantizan reservas por tiempo prolongado ante eventuales cortes del servicio, ya están en funcionamiento y se acoplaron otras tres cisternas existentes (Federal, Ranqueles y APySU). En paralelo, hay una cuarta cisterna nueva que se construirá detrás del barrio Rucci donde está proyectado un barrio de 260 viviendas.
Como proyecto a mediano plazo, se exploraron pozos de extracción en inmediaciones del barrio Federal y del Aeropuerto, para avanzar en la instalación de nuevas bombas que suplementen el agua extraía del acueducto Pico-Dorila, y permitan también el cierre de algunas perforaciones que en dicho acueducto estás sobreexplotados por lo que entregan agua de mala calidad. Así, se construyeron 9 pozos que ya funcionan en el barrio Federal y están en prueba otros 19 que se hicieron en el Aeropuerto.
Con las obras mencionadas, la Municipalidad garantizó agua "en cantidad" a mediano y largo plazo, pero la deuda pendiente es la calidad, y en esa dirección la única alternativa pensada desde la política está en la tan prometida y pospuesta- obra del Acueducto Norte del Río Colorado.
El agua del río Colorado, también tratada, pero con índices de potabilidad muy superiores a la subterránea del norte provincial, mejoraría la calidad del servicio en General Pico a partir de la mezcla con el agua extraída en la zona. Jamás se pensó para reemplazar, sino para mezclar y mantener activos todos los pozos cercanos a Pico como garantía ante posibles cortes del acueducto del río Colorado, algo que en la capital provincial tienen sobrada mala experiencia.
Mientras se espera la solución final, quienes gestionan las obras en la ciudad consideran que hoy se mejoró mucho en cantidad, pero también en calidad al incorporar nuevas perforaciones que fueron analizadas y, una vez en funcionamiento, permiten que el acueducto Pico-Dorila no trabaje exigido e inyecte así menos contaminantes a la red.