Fertilización del trigo en macollaje

Por Mariano Fava (*)

Con una relación de precios insumos/productos por demás de interesante el empresario rural está aplicando cantidades importantes de fertilizantes a los potreros que están siendo plantados con trigo. Esto sin duda es una muy buena noticia, pues no solo permitirá elevar los rindes y la calidad de la cosecha obtenida, sino que además se cambia el paradigma de uso del suelo, haciendo agricultura en lugar de “minería”, esto último como metáfora respecto de que si no reponemos nutrientes y solo extraemos, agotamos el recurso suelo tal cual pasa con la minería.

Debido a que la mayor parte de este cereal se planta sobre cultivo antecesor soja, a la hora de escoger qué nutriente aplicar a la siembra, se escogen los fertilizantes con alta concentración de fósforo en su composición. Esto se debe a una serie de variables, entre las más importantes es que al ser el fósforo un elemento inmóvil (o muy poco móvil) en el suelo, el mismo debe ser incorporado cerca de la raíz de la planta que lo toma por intercepción, es decir porque el sistema radicular “toca” el sector edáfico donde está el nutriente disuelto. Como ya expresamos, si se planta sobre un lote que viene de soja, este potrero tiene una cantidad importante de nitrógeno en la solución del suelo, más que suficiente para abastecer a la planta en las fases iniciales de su ontogenia (o desarrollo del cultivo). Si aplicamos más nitrógeno aún, corremos el riesgo de perderlo por el lavado de mano de las lluvias, ya que el nitrógeno es un elemento muy móvil en el suelo. De esta manera no solo hacemos un uso ineficiente de recursos, ya que gastamos dinero innecesariamente, sino que además contaminamos las napas de agua con nitritos y nitratos, que es más grave aún.

Los requerimientos de nitrógeno en el trigo aumentan de manera exponencial durante la etapa de encañazón, debido a una alta tasa de crecimiento de cultivo. Esta fase inicia alrededor de los últimos diez días de septiembre en nuestra provincia. Al final de este período (a mediados de octubre aproximadamente) el cereal de invierno ha absorbido el 80% del nitrógeno total requerido. Si fertilizamos la gramínea, luego de esta etapa o lo hacemos de manera muy tardía con este nutriente (nitrógeno), no vamos a tener un efecto marcado en cuanto a aumentar rinde, pero lograremos mejorar la calidad del producto, elevando el porcentaje de proteína en grano, en aproximadamente un uno por ciento (en el mejor de los casos). Medir el retorno de la inversión de fertilizante aplicado para mejorar calidad es complicado y dependerá de si la industria ese año paga, o no, un plus de precio por trigos con alto tenor proteico, conocidos este año como trigos de calidad.

En este punto hace falta aclarar qué es o qué se entiende por calidad. Comercialmente podríamos decir que “calidad” es lo que escasea y está segregada. Con esto queremos significar que si la próxima cosecha se obtiene trigos con alta concentración de proteína, ya este no será el concepto de un trigo de calidad, pudiendo llevarnos la sorpresa de que la molinería local pague plus de precio por grano “blando”, o de bajo tenor proteico. Por lo tanto, una buena estrategia de producción de trigo no solo debe contemplar elegir trigos de calidad uno y fertilizar correctamente como está ocurriendo actualmente en los campos, sino que se debe evitar mezclar los trigos de diferentes variedades y potreros, para lo cual el silo bolsa es una excelente herramienta, ya que nos permite tener toda la cosecha en unidades de no más de 6 a 8 camiones.

Adicionalmente, la estrategia de fertilización más inteligente parece ser la de aplicar a la siembra un fertilizante con alta concentración de fósforo, algo de azufre, pudiendo tener o no nitrógeno y luego corregir este último en agosto, evitando hacerlo de manera tardía por lo expuesto antes de que no mejoramos rinde, sino solo concentración de proteína. Lo expuesto se sustenta en que afortunadamente este año contamos con muy buena provisión de humedad en suelo, pero no basta para lograr altos rindes, ya que una tonelada de trigo necesita para ser producida: 30 kilogramos de nitrógeno, 5 kilogramos de fósforo, 4,5 kilogramos de azufre, entre otros nutrientes. Por lo tanto, por más lluvia que tengamos, si no hay suficientes nutrientes, no tendremos una buena producción. Dos trigos que disponen de una misma cantidad de humedad, aquel que tenga mejor nutrición va a ser el que haga un uso más eficiente del agua, en otras palabras, generará más materia seca por milímetro de agua transpirado, lo que se traducirá seguramente en más kilogramos de grano por hectárea.

Cuando recomendamos corregir más de un nutriente, lo hacemos pensando en el efecto conocido como “interacción de nutrientes”. Es por ello que muchas veces, corregir uno solo (por ejemplo, el nitrógeno) no tiene efecto apreciable sobre el cultivo si otro elemento se encuentra de manera deficiente (ejemplo: el fósforo o el azufre). Así es que el manejo del fósforo está cambiando su paradigma hacia el concepto de fertilizar la rotación, es decir al suelo y no al cultivo. Así, por ejemplo, aplicando dosis importantes durante la siembra del trigo de este nutriente, se lograrán efectos en el cultivo subsiguiente (por ejemplo: la soja de segunda). En cuanto al azufre, la mayor respuesta se encuentra en suelos arenosos, con bajo contenido de materia orgánica, o en suelos bajo agricultura continua altamente extractiva. Se menciona que la aplicación de este nutriente en el trigo puede disminuir hasta un 10% el requerimiento de nitrógeno, a la vez que puede tener un efecto benéfico por acción residual en la soja de segunda que se plante sobre ese trigo.

Finalmente, llegará el momento de decidir la fuente de nitrógeno a emplear. La más empleada es la urea, sin embargo debemos recordar que el cultivo no la puede absorber como tal. La misma debe hidrolizarse y pasar a otro compuesto conocido como nitrato para poder ser tomado por las raíces. Este proceso lleva su tiempo, por lo tanto si la fertilización se demora por falta de humedad o disponibilidad de producto, tal vez convenga cambiar la fuente a emplear por compuestos de más rápida disponibilidad como el nitrato de amonio o el sulfato de amonio, este último además provee azufre si el elemento no se aplicó durante la siembra.

(*) Ingeniero agrónomo (MP: 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos - @MARIANOFAVALP

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