Pidieron prisión perpetua por el crimen de Diego Loza

La querella y la fiscalía formularon un pedido de duras condenas para Walter Eleuterio Rojas Pedraza y el otro imputado, Carlos Andrés Carrión. La sentencia, el miércoles próximo, al mediodía. 

La fiscala Cecilia Martini solicitó este miércoles una condena de prisión perpetua para Walter Eleuterio Rojas Pedraza y la declaración de la coautoría de Andrés Carrión, por el homicidio de Diezo Loza, agravado por la premeditación del hecho y por el uso de arma de fuego, para robar luego de escalar el muro del balcón del departamento del empleado municipal asesinado en junio del año pasado.

Por su parte, las defensas solicitaron la absolución por el beneficio de la duda o la aplicación de la pena mínima para Rojas Pedraza, y en el caso de Carrión -que era menor de edad al momento del hecho- directamente la absolución. El tribunal de audiencia leerá la sentencia el próximo miércoles al mediodía.

Este miércoles, como en todas las audiencias, familiares y amigos de la víctima estuvieron en el lugar destinado para el público y siguieron atentamente los alegatos. Al final de la audiencia, en oportunidad de poder pronunciar la útima palabra antes del veredicto, Rojas Pedraza -que no estuvo en la sala y escuchó todo el debate en una habitación contigua- dijo que no tenía "nada que declarar".

Por su parte, Carrión volvió a pronunciarse inocente, dijo que no había estado en el departamento el día del homicidio y agradeció el esfuerzo de sus familiares en la búsqueda de pruebas para ejercer su defensa.  Como era menor al momento del suceso, el tribunal solamente declarará si fue autor o no del delito que se le imputa, y esa resolución se le comunicará al Juzgado de Familia y el Menor que tiene su tutela. 

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"Ambos  usaron el arma"

En su alegato, la fiscala Cecilia Martini consideró acreditada la acusación. Y detalló que el crimen ocurrió el sábado entre las 21.05 y 22.20, cuando ambos imputados ingresaron al departamento de Loza, lo sorprendieron en el baño, Rojas Pedraza forcejeó con él, le efectuaron tres disparos –en un brazo, un tobillo y finalmente, previo maniataron, en la boca- con una pistola Bersa 22.

“Ambos imputados usaron el arma”, sostuvo. Posteriormente, dijo, lo envolvieron en una frazada y lo metieron debajo de una parrilla en el balcón. Usaron el departamento hasta el lunes a las 23, inclusive organizando una fiesta o encuentro con otros jóvenes que invitó Rojas Pedraza, cuando se fugaron ante la llegada de la policía y amigos de la víctima.

La funcionaria judicial indicó que vendieron un televisor por las redes y sacaron 9 mil pesos de la cuenta de Loza a través de un cajero, en varias extracciones, una de ellas en La Terminal, según las imágenes del BLP en las que se observa solo a Rojas Pedraza. “Lo mataron y torturaron para conseguir la clave”, indicó Martini.

La fiscala indicó que quedó probado que ambos compraron empanadas y consumieron bebidas alcohólicas en el departamento. Esto quedó filmado con las cámaras del negocio.

Martini dijo que Loza se comunicó a las 21.05 por última vez con un amigo, para cancelar la asistencia a un asado.

Cuando la policía y los familiares acudieron al departamento, el lunes, Carrión y Rojas Pedraza saltaron por los techos y se fugaron, según se reconoce en la filmación de las cámaras de una agencia de quiniela de la zona.

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La fiscala dijo que esa madrugada los policías encontraron un rastro dactilar en una botella, que se cotejó con un archivo y saltó que correspondía a Rojas Pedraza. En sus redes sociales encontraron una foto de alguien parecido a su acompañante en la rotisería, que resultó ser Carrión. A partir de la identificación, la policía detiene a ambos acusados y a Rojas Pedraza le encontraron elementos de Loza, entre ellos la tarjeta de débito de la víctima.

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Según Martini, el arma homicida secuestrada en la escena del crimen estaba antes del hecho en la casa del padre de Carrión. Eso lo afirmó a partir de la foto que una adolescente –novia de Rojas Pedraza- le sacó dos días antes del asesinato al acusado en ese domicilio, con ese revólver apuntando a un gato, y que se consiguió en la investigación policial.

Sobre la coartada de Carrión, la fiscala dijo que en su celular no se encontró ninguna invitación para la fiesta en el departamento, como el resto de los chicos, porque, consideró, él ya conocía el lugar.

En el celular de Carrión encontraron fotos sacadas a Rojas Pedraza con el arma homicida, frente a un espejo. “Estamos hablando del mismo arma, es idéntica”, remarcó.

Si bien no se pudieron hallar rastros genéticos de los imputados en el lugar, la fiscala destacó otra pericia de “ADN de olor” que se realizó sobre el arma homicida, con perros, que encontraron que tenía un olor que se corresponde con el de los dos acusados.

Sobre el descargo de la madre de Carrión, consideró que es “un relato un tanto fantástico” y que el imputado no puede justificar donde estuvo entre las 21 y 22.20 horas -la franja horaria en la que ocurrió el asesinato-, ya que solamente ella dice que estuvo cenando en su hogar.

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Indicó que hay un testigo que dijo que Carrión a las 20.48 se tomó una línea 3, pero ese recorrido transita por la zona del departamento de Diego Loza, que queda a diez minutos caminando de la casa de la madre. “Tal vez no se quedó cenando con la mamá y fue para otro lado. No estuvo con su mamá, estuvo aportando el arma con la que se cometió el hecho”, aseveró.

Si bien se comprobó que a las 22.49 horas Carrión se tomó un taxi a media cuadra de la casa materna y se fue a un cumpleaños de un amigo, indicó que esa circunstancia no se sobrepone a la franja horaria en la que se cometió el asesinato.

Por su parte, los querellantes adhirieron al pedido de la fiscalía. Y acotaron que el celular de Carrión permaneció apagado ese día hasta media hora después de cometido el hecho. Y también menciona que Rojas Pedraza habla en plural en una llamada que hace a sus amigos para la fiesta que realizó en el departamento.

Una defensa, por la absolución

En cuanto a las defensas, el abogado Boris Vlasich solicitó que se declare la no autoría del hecho de su defendido y sostuvo la teoría de que Carrión no estuvo en el departamento de Loza el día del crimen y recién apareció allí, como invitado, dos días después. Relató que el joven permaneció el sábado a la tarde en el Parque Oliver con amigos, luego -20.40 horas- se tomó un colectivo de la línea 3 hasta la casa de su madre, y que después a las 23 se tomó un taxi hasta la casa de otro chico, que cumplía años, donde se quedó toda la noche y por la mañana fueron a desayunar a una estación de servicios.

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"Esto está confirmado y patentado por distintas pruebas. Eso lo aleja y lo aparte del crimen que le intentan achacar", dijo. “Es imposible ubicarlo en la escena del hecho en los horarios que manifiesta la fiscalía”, señaló.  "No estuvo ni el sábado ni el domingo a la noche, los testigos que estuvieron en la fiesta no lo mencionan", insistió.

Vlasich desechó la prueba odorífica por considerar que el arma pudo ser manipulada después del hecho, ya que Carrión sí estuvo el lunes en el departamento. "No hay pruebas de ADN ni dactilares que hayan dado positivo", constrastó.

Por otra parte, acotó que "las fotos con el arma" que encontraron en el celular de su defendido "no significan que se trate del mismo arma, no hay certezas", ya que es similar pero no se observa la numeración, dato que hubiese servido para despejar cualquier duda.

El abogado codefensor, Marcelo Piazza, rescató que “hay un hueco de una hora y media” de tiempo entre que Carrión toma el colectivo en el centro y luego toma un taxi a media cuadra de su casa. “Es en un lugar de una distancia de doce o quince cuadras del departamento de Loza. Tiene ese tiempo para ir y volver. Es imposible ubicarlo en el momento del hecho”, insistió el letrado. También señaló que no está probado que el arma de la foto sea la misma que el arma homicida.

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"Si hubo una segunda persona, quedó impune", arriesgó. "Si Carrión fue a acompañar a comprar unas empanadas el lunes, eso no lo hace cómplice de un homicidio ni prueba", advirtió.

 Duda o mínima

En cuanto al principal acusado, la defensora oficial, Silvina Blanco Gómez, pidió la absolución por el beneficio de la duda y que, en caso de una condena, se lo aplique una figura más leve, sin agraantes, homicidio en ocasión de robo, y con la el mínimo de la pena prevista para ese delito.

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En primer lugar, pidió la nulidad de la prueba odorífera porque solo la notificaron de la medida y no pudo manifestarse acerca de su pertinencia o no y también cuestionó algunas de las pericias realizadas sobre los celulares.

“No se encuentra acreditado que haya sido Rojas Pedraza quién ingresó al departamento y haya dado muerte a Loza. La única evidencia a medias es esta prueba odorífica que deja una duda más que razonable”, señaló. “Es poco serio”, añadió.

“No tenemos el arma en manos de Rojas Pedraza”, afirmó.

Y consideró que no puede aplicarse el agravante de la premeditación o el homicidio perpetrado para quedar impune, porque “es tan grotesco todo lo que pasó, sacó plata, quedó filmado, volvió al lugar de los hechos". "No podemos pensar en que intentó ocultar o buscar la impunidad de la muerte”, completó. 

Testigos

Este miércoles, antes de los alegatos, declararon los últimos testigos. En primer lugar, lo hizo Julián Reinoso Lupardo, el joven que el día del crimen le pagó un pasaje de colectivo de la línea 3 a Carrión, cuando el chico le dijo en la parada de 25 de Mayo y San Martín, que no tenía dinero para el viaje. El testigo confirmó esa versión y que Carrión se subió al colectivo ese sábado a las 20.40 horas.  

También declaró Benjamín Ballejos, un conocido de los dos acusados, que el sábado 23 de junio festejó su cumpleaños con “una juntada” en su casa. Dijo que Carrión estuvo en el encuentro a la tarde y a la noche volvió en un taxi, a las 23 horas, con una "zapatilla" que le habían pedido para enchufar la play. Dijo que se quedaron hasta las 6 o 7 de la mañana.

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Finalmente, Víctor Hugo Ochoa, que tiene un kiosco a media cuadra de la casa de la madre de Carrión, declaró que conoce a los dos imputados porque iban a su negocio. Y dijo que Carrión estuvo el sábado del crimen después de las 22 y compró un atado de cigarrillos. La madre del imputado había declarado que el chico fue al kiosco y después se tomó un taxi. 

El juicio

El tribunal de juicio está conformado por Alejandra Ongaro, Daniel Sáez Zamora y Andrés Olié. Loza tenía 34 años de edad y fue hallado muerto en su departamento de Emilio Zola y Luro el lunes 25 de junio de 2018 por la noche, alrededor de las 22 horas. Tenía un tiro en el tobillo izquierdo, otro en el brazo izquierdo y un tercero en la boca. La Policía secuestró el arma homicida en el mismo lugar del hecho.

El martes 26, en horas de la mañana, la Policía detuvo a Rojas Pedraza como sospechoso del crimen. Esa misma fecha, al mediodía, cayó el menor. A Rojas Pedraza lo detuvieron en una obra en construcción en Colonia Escalante. El chico fue capturado en un domicilio de la calle Tomás Mason. Los investigadores llegaron a los sospechosos a través de imágenes de cámaras de seguridad y por el trabajo de inteligencia de Criminalística.

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