Maíz de segunda: ¿es negocio plantarlo?

Por Mariano Fava (*)

Con el auge de la siembra de maíces ultraralos en siembra directa se ha abierto todo un mundo para el establecimiento de esta especie en la modalidad de cultivos “tardíos” o “de segunda”. Entendiéndose por este último (segunda), todo aquel potrero que se plante inmediatamente después de cosechada una especie de invierno. Con el apilamiento de tecnologías como la siembra directa, la fertilización estratégica, los modernos híbridos prolíficos (con potencial para generar más de una espiga por planta) adaptados a siembras ralas, que además son resistentes a herbicidas de amplio espectro de control y a algunos lepidópteros, todo este cúmulo de situaciones ha transformado al maíz en una de las especies más estables y seguras agronómicamente hablando para este tipo de planteos.

Como hemos mencionado varias veces en esta misma columna, el maíz genera un gran aporte de rastrojo. Este constituye la base que alimenta la meso y microfauna del suelo. El poderoso sistema de raíces que posee (el cual recuerda a una cabellera larga) hace una exploración muy eficiente del suelo, y cuando termina su ciclo, las raíces se descomponen, generando orificios conocidos agronómicamente como “macroporos”. Los mismos juegan un papel preponderante, tanto en el intercambio gaseoso suelo-atmósfera, como así también en la captación y drenaje rápido del agua de lluvia, amortiguando de esta manera los fenómenos de acumulación de agua en las zonas bajas de los campos, o encharcamientos en potreros planos, derivados de suelos con baja infiltración por falta de poros. Este proceso se ve magnificado en sistemas de siembra directa, donde no hay labranza posible que genere macroporosidad. El aporte de materia orgánica que hacen las raíces, sumado al de la parte aérea de la planta, es muy importante para los suelos, ya que contribuye a la fertilidad física de este, es decir, a aspectos tales como resistencia a la compactación, captación de lluvia, almacenamiento de agua, estabilidad del suelo ante agresiones como el viento y si estamos en siembra directa, el rastrojo sobre el suelo baja la temperatura del mismo, mejorando la eficiencia del uso del agua.

Para quienes todavía no han sembrado maíz, tienen la opción de hacer el cultivo en siembra tardía o de segunda, para lo cual deberán tener en cuenta algunas consideraciones. La mayor temperatura y radiación del mes de diciembre (cuando se siembra) estimula el crecimiento vegetativo de las plantas, si no se regula de alguna forma, se malgastan muchos recursos por la competencia entre ellas por luz, lo que impacta negativamente en la producción de granos. La estrategia en estos casos es sembrar el cultivo más ralo, (menos plantas por metro lineal de surco) que las siembras de primera. Por otra parte, el ciclo del híbrido a sembrar debe ser intermedio a corto, preferentemente de rápida velocidad de secado. Esto permitirá que el cultivo madure antes de las heladas de otoño (dependiendo de la zona geográfica en cuestión), evitando que se dañe la producción del mismo. Al ser de rápida velocidad de secado se podrá trillar de manera temprana disminuyendo pérdidas por quebrado, entre otros beneficios. Además, en este tipo de siembras es muy importante contar con un híbrido de maíz resistente al “Mal de Río IV”, como una cuestión prácticamente excluyente, al igual que contar con la tecnología de los materiales transgénicos resistentes al barrenador del tallo. En cuanto al control de maleza, si los herbicidas tradicionales no son suficientes por presencia de “malezas problema”, contamos con la posibilidad de adquirir híbridos de maíz resistentes a glifosato, imidazolinonas o glufosinato de amonio, lo que supera cualquier escollo en este sentido (control de malas hierbas). Sin embargo, aun al escoger materiales resistentes a herbicidas de amplio espectro, es importante resaltar la necesidad de emplear herbicidas residuales tradicionales de maíz como las triazinas y las cloroacetamidas.
Como en las siembras de segunda se planta el cultivo sobre cereales de invierno que entregan un suelo en general seco (o con escasa humedad en el perfil edáfico) y carente de nutrientes fácilmente disponible para los cereales, juega un rol preponderante la fertilización de arranque, la cual deberá ajustarse conforme al rendimiento esperado, y a la disponibilidad de agua a la siembra y/o expectativa de precipitaciones durante el desarrollo del cultivo. Puntualmente en esta zafra tenemos a favor el pronóstico de un año niño, lo que significa que es altamente probable que contemos con lluvias por encima de la media histórica.

En resumen y para finalizar, la siembra de segunda es la última oportunidad que existe para aumentar el área plantada con maíz. Esto, además de permitirnos hacer una rotación agronómicamente sustentable, que mejore la fertilidad física de los suelos, evitando la proliferación de enfermedades y malezas resistentes a glifosato propio del monocultivo de soja, también puede llegar a ser un negocio muy interesante para los productores mixtos (agrícola/ganaderos). Por otra parte excepto por el costo que se incurre al inicio por la adquisición de la semilla y el fertilizante, luego de ello esta especie requiere muy poca inversión en el cuidado del cultivo si se escogen materiales resistentes a lepidópteros, lo que facilita el manejo para empresas medianas a grandes en cuanto a extensión de cultivos plantados. En cuanto al costo de la semilla, vale alertar al amigo productor que es muy común que a esta altura del año las empresas de semilla comiencen a liquidar stocks de calibres chicos de maíz. En efecto, les resulta más económico vender estas bolsas a precios de promoción, que almacenarlos en las cámaras de frío donde prefieren conservar el espacio para los calibres de mayor tamaño, pues estos son más caros y fáciles de vender en la zafra siguiente, siendo más tentador guardarlos en lugar de liquidarlos como en el caso de los calibres chicos.

(*) Ingeniero agrónomo (MP: 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos - @MARIANOFAVALP

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