El FMI empeoró los pronósticos de inflación y de crecimiento

Elevó su estimación de inflación de Argentina para el 2019 a 40,2%, desde un cálculo previo de 30,5%.

El Fondo Monetario Internacional advirtió sobre la “volatilidad” financiera que enfrenta la economía argentina en virtud de la proximidad de las elecciones, anticipo una caída de 1,3% en el PBI este año y un crecimiento de solo 1,1% para 2020 (recortó la mitad del pronóstico anterior). En tanto, elevó a 40% su previsión de inflación a diciembre próximo.

Así resulta del documento dado a conocer este lunes en Washington referido a la cuarta revisión del programa económico argentino en el marco del préstamo Stand By por u$s57.000 millones.

Ante las dudas y críticas que han surgido respecto a la sustentabilidad de la deuda el Fondo indica que la capacidad de repago de Argentina sigue siendo adecuada, aunque está sujeta a “riesgos mayores”.

El informe de 88 páginas, que curiosamente aún continúa siendo escrito en inglés, también reconoce el cumplimiento de las metas establecidas en el contexto de este acuerdo. De hecho el viernes el directorio del FMI aprobó el desembolso de unos u$s5.400 millones.

A continuación se detallan aspectos relevantes del informe elaborado por la misión encabezada por el economista italiano Roberto Cardarelli.

METAS CUMPLIDAS

Se han cumplido todas las metasde acuerdo con los datos finales disponibles a marzo y junio La base monetaria de fines de junio terminó en $ 1,342 mil millones (mil millones por debajo del objetivo).
Las reservas internacionales netas superaron el objetivo de fines de junio en US$ 3,3 mil millones y los futuros se ubicaron en US$ 3,6 mil millones, aproximadamente US$ 6,6 mil millones por encima del objetivo.
Los datos de abril y mayo y la información preliminar, señala el informe, arroja que se cumplió con la meta fiscal. Efectivamente el gobierno, la semana pasada comunicó (después del cierre del informe del FMI) que había sobrecumplido los objetivos fiscales.
El gasto social excedió el piso en $ 12 mil millones de pesos y el saldo primario en el primer trimestre fue de 10,3 mil millones de pesos, cumpliendo cómodamente el objetivo del programa de 6 mil millones de pesos.
Las autoridades argentinas han desarrollado un plan de mejora del cumplimiento tributario para 2019. Sus prioridades incluyen la reducción de la brecha del IVA; bajar los costos de cumplimiento de los contribuyentes; realizar auditorías fiscales basadas en el riesgo; y reducir el margen de abuso del régimen tributario simplificado.
Se están implementando programas detallados de mejora del cumplimiento, incluidos los grandes contribuyentes, las personas con alto patrimonio neto y los pequeños contribuyentes, para aumentar los niveles de cumplimiento y aumentar los ingresos.
Se espera que el déficit primario de 2019 sea de 0.3% del PIB,dentro de la meta del programa después de que se apliquen los ajustadores para el gasto social y de capital.

AUTORIZACIONES

El FMI autorizó al BCRA a tener una mayor intervención en el mercado futuro del dólar. Podrá vender hasta 3.600 millones de dólares en contratos a futuro, es decir 2.600 millones de dólares que el límite anterior, facilitando el poder de fuego del Banco Central ante eventuales tensiones en el mercado de cambio y sin necesidad de vender divisas.
La meta de superávit fiscal se incrementará hasta 70.000 millones de pesos para el cierre del tercer trimestre en respuesta a un pedido del Palacio de Hacienda, expansión que de todas maneras respetaría la meta de déficit para el año.

INFLACIÓN Y ACTIVIDAD ECONÓMICA

El FMI revisó a la baja su pronóstico de crecimiento de 2019-20. En la anterior revisión esperaba para este año una caída -1.2% que ahora ha sido recortada a - 1.3 %debido al débil crecimiento del crecimiento (especialmente en la demanda interna y las importaciones) en el primer trimestre y las revisiones de crecimiento a la baja para los socios comerciales regionales (Brasil en particular).
La recuperación de la producción agrícola y la recuperación gradual del poder adquisitivo real de los salarios después de la fuerte caída del año pasado deberían, entiende el FMI, ayudar a respaldar un retorno a un crecimiento positivo a partir del segundo trimestre.
Sin embargo, el Fondo reconoce que, dado que la inflación es más persistente, las tasas de interés reales deberán permanecer más altas durante más tiempo, afectando nuevamente la demanda interna y las importaciones, lo que resultará en una revisión a la baja del crecimiento en 2020 (del 2,2 al 1,1%). Esta importante reducción de más de un punto contrasta con las últimas previsiones de los analistas que esperan un aumento del 2.2% del PIB para 2020.
Las tasas de interés más altas y el crecimiento más bajo han contribuido a elevar los niveles de deuda a mediano plazo a exactamente el 60% por ciento del PIB para 2024.
El FMI espera que la inflación termine el año en alrededor del 40%(muy por encima del pronóstico del 30.5% en el momento de la tercera revisión). Responsabiliza a esta suba en el pronóstico al aumento de los salarios nominales y un aumento significativo en las expectativas de inflación.
En el terreno fiscal el FMI espera que los impuestos a las importaciones más altos compensen con creces el impacto inflacionario de la congelación en las tarifas de los servicios públicos y la expansión del programa de Precios Cuidados.
También prevé que continúe la restricción monetaria y fiscal, junto con una menor volatilidad del tipo de cambio y un mejor anclaje de las expectativas del tipo de cambio a una disminución gradual de la inflación mes a mes en el futuro.
La necesidad de mantener una postura monetaria más estricta durante más tiempo ha significado tasas de interés más altas, lo que, junto con los esfuerzos continuos de las autoridades para extender los vencimientos, ha generado mayores costos de intereses y un incremento en la deuda.

RIESGOS

“El programa enfrenta importantes riesgos a la baja” advierte el organismo multilateral, a su entender, “El principal riesgo sigue siendo un cambio prolongado en las preferencias de la cartera con respecto a los activos argentinos como resultado de las crecientes incertidumbres sobre el panorama político futuro”.
Esto podría manifestarse como un aumento de la dolarizaciónque provocará presiones de depreciación,impactando en la inflación y conduciendo a un aumento en la relación deuda-PIB y una mayor pérdida de reservas de divisas que la proyectada en el escenario base del FMI.
De darse este contexto el Fondo advierte que “podría crear una brecha de financiamiento presupuestario y profundizar las preocupaciones sobre la liquidez y posiblemente la solvencia de la deuda soberana”.
Por esta razón considera “preocupante” que la reciente reducción de los vencimientos haya aumentado las necesidades de financiamiento a corto plazo y exacerbado los riesgos de reinversión en el período previo a la elección.
A pesar de los riesgos significativos de la volatilidad y la incertidumbre, la continua implementación de la estrategia del manejo de la deuda en la medida en que lo permitan las condiciones del mercado ayudarán a mitigar los riesgos en el período electoral.
A mediano plazo, la sostenibilidad de la deuda sigue siendo altamente vulnerable a las crisis, particularmente si se dieran condiciones sorpresivas de crecimiento negativo.
Más allá de estos riesgos financieros, es posible que la inflación se mantenga estancada en niveles muy altos o que la recuperación esperada de la actividad pueda retrasarse.
Esto llevaría a un empeoramiento de los resultados sociales, al aumento de la pobreza y a una erosión del apoyo público al programa de políticas del gobierno.

FINANCIAMIENTO

El FMI considera que “el programa sigue financiado en su totalidad” y que la capacidad de repago de Argentina sigue siendo adecuada,aunque está sujeta a mayores riesgos”.
Los supuestos de financiamiento se han revisado para tener en cuenta la reducción de los vencimientos, pero, a una tasa promedio de renovación más alta, el programa sigue siendo financiado en su totalidad.
La exposición del Fondo en términos de métricas de servicio de la deuda se mantiene en el nivel más alto en comparación con otros casos de acceso excepcional, y el calendario de desembolso anticipado implica una considerable acumulación de las obligaciones de recompra de Argentina al Fondo.
Los indicadores de crédito del Fondo también se han deteriorado desde la tercera revisión, por ejemplo, con el servicio de la deuda del Fondo alcanzando un máximo de casi el 25 % de las exportaciones (frente al 23.7% anterior).
El crédito pendiente al Fondo como porcentaje del PIB también aumentó en 2022. No obstante, se prevé que las reservas internacionales, que se han visto impulsadas por las compras de divisas, el intercambio de China aumentada y la creación de reservas de efectivo del Tesoro, sigan siendo adecuadas durante todo el programa y el periodo de repago.

SUSTENTABILIDAD DE LA DEUDA

La elevada deuda pública y las necesidades de financiamiento, y la alta sensibilidad a los movimientos del mercado, plantean riesgos de sustentabilidad de la deuda para Argentina.
La deuda pública se situaba en el 87% del PIB a fines de 2018, luego de una gran revisión al alza en la tercera revisión, y las necesidades de financiamiento brutas de 2019 superan el 15% del PIB.
Estos elevados compromisos combinados con una gran proporción de deuda denominada en moneda extranjera, la baja relación de las exportaciones en relación con el PIB y un sistema bancario nacional relativamente pequeño, implican vulnerabilidades de la deuda.
Además, hay incertidumbre política antes de las elecciones, como lo demostró la venta masiva del mercado a fines de abril, que incrementó el riesgo país.
No obstante, la depreciación del peso y la caída en la tasas de refinanciación de la deuda que tuvo lugar en mayo y junio, demuestra la capacidad de Argentina para recuperarse de una erosión temporal en la confianza.
Con la adhesión continua al programa durante el período electoral y más allá, se espera que continúe esta normalización en los mercado.
Además, una gran parte de la deuda de Argentina está en manos de grupos de inversores, incluidas instituciones financieras nacionales, inversores minoristas y otras entidades públicas, cuyas tasas de refinanciación se estiman que se mantendrán altas.
Se espera que la deuda pública con respecto al PIB disminuya a 77 % del PIB para fines de 2020 y se proyecta que caiga a 60% en el mediano plazo, reflejando la consolidación fiscal programada. No obstante, estas previsiones están sujetas a riesgos vinculados con el tipo con el tipo de cambio, las tasas de interés, el crecimiento económico y los pasivos contingentes.
Además, las mayores necesidades de financiación bruta derivadas de la reciente reducción de los vencimientos plantean un riesgo de liquidez en los próximos meses.
A pesar de estas mayores vulnerabilidades, la deuda de Argentina se evalúa como sostenible pero no con una alta probabilidad.

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