Otra irresponsabilidad

Por JP Gavazza

A Carlos Verna le gusta jugar con fuego.

El momento que eligió para decir que Alberto Fernández “nos cagó”, no fue cualquiera: el Twitter salió a la luz en el momento en que el gobernador Sergio Ziliotto mantenía un encuentro con el presidente, vía videoconferencia.

No está clara la intención, pero sí el resultado: es una maniobra que genera problemas en la relación de la Provincia con la Nación.

Suponiendo que Verna es el líder político del peronismo en La Pampa, su destemplada aparición constituye una altísima irresponsabilidad, que deja mal parado a un gobierno que hizo por la situación de Portezuelo todos los reclamos que corresponden por la vía institucional, legislativa y política.

El exabrupto dejó con la boca abierta a los propios compañeros de Verna.

No es para menos. Hay preguntas que se hacen desde el más elemental sentido común: ¿cómo va a tratar de cagador a un presidente, que además es peronista, que asumió hace menos de 5 meses y tan luego en este contexto de crisis, que es uno de los peores de la historia argentina?

Con Mauricio Macri, Verna había sido mucho más contemplativo: respetó a rajatabla el período de luna de miel y facilitó las manos alzadas de sus legisladores para aprobar lo que pedía Cambiemos.

Tratándose de un compañero, esta vez con Alberto F podría haber tenido un poco más de paciencia. O de cortesía, al menos.

El reclamo de La Pampa respecto de Portezuelo es tan legítimo que no necesitaba de una puesta en escena tan desubicada.

La aparición de Verna, en su estilo que mezcla al macho del barrio con el capomafia, se produce además en una instancia extraordinaria en la que tanto el gobierno nacional como el provincial vienen trabajando codo a codo (más allá de disidencias lógicas, o algún choque de intereses) y con altísimo consenso social.

Por otro lado, no es sorpresa. Aunque el exabrupto fue temprano y fue brutal, la trayectoria de Verna está marcada por un sinfín de tableros pateados: siempre se manejó entre las actitudes políticamente incomprensibles y la lisa y llana irresponsabilidad, sobre todo cuando el pellejo en juego es el de otro.

En su segundo gobierno, Verna sacó pecho con políticas públicas de valía y condujo al peronismo pampeano a una pionera alianza de centroizquierda o nacional y popular.

Antes fue protagonista de numerosos episodios que le granjearon fama de irresponsable. Fue promotor de la “triple alianza” antimarinista, empoderó a Juan Carlos Tierno, se convirtió en opositor al gobierno peronista de Cristina, le puso palos en la rueda a la gestión de Oscar Mario Jorge y hasta se bajó de una candidatura a la Gobernación en plena campaña, complicando las chances de su partido y poniendo a la provincia en crisis institucional.

La política, vista como actividad transformadora y en beneficio del bien común, presupone que sus cultores sean conscientes de las consecuencias de sus actos, que entiendan que también los silencios, los ámbitos y los tonos tienen un impacto concreto en la realidad. Básica responsabilidad, que aumenta de modo proporcional al volumen político.

Hay otro modo de hacer política, que es desde el cinismo: obrar según la conveniencia personal o el antojo del momento, jugar al twittero sin reparar en consecuencias o cagarse en los compañeros y las compañeras que en plena crisis sostienen una construcción compleja.

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