El dolor y la angustia de la familia del joven que se quemó en El Salitral

Las carencias y necesidades de las familias que tomaron terrenos en Santa Rosa las exponen a riesgos y duras condiciones. El martes, Emiliano Ortellado, vencido por el cansancio, fue alcanzado por las llamas de una fogata.

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Los padres y familiares de Emiliano Ortellado viven horas de dolor y angustia. Recorren los pasillos del hospital aguardando la recuperación de su hijo. Emiliano, de 23 años, hace cuatro días sufrió severas quemaduras en la toma de terrenos del denominado Nuevo Salitral. Su historia es una muestra de la desesperación y los riesgos a los que se exponen las personas que decidieron tomar los terrenos empujados por las crisis.

La novia de Emiliano había conseguido un lugar para asentarse allí, en la toma, a metros del Megaestadio y la laguna Don Tomás. Él se quedó esa noche a cuidar el terreno para que no se lo sacaran. Estaba justo por empezar a construir una casita, con chapas, nylon, un poco de todo. Pero esa madrugada lo venció el cansancio. “Había estado dos o tres días cuidando, sin dormir. Se quedó dormido al lado de un tambor con fuego y le agarró la campera”, le contó a El Diario su padre, José Luis.

Emiliano está en pareja con Micaela, tienen una bebé de meses. El fuego le produjo serias quemaduras en la espalda y un brazo. Ahora está internado en una sala del área de Clínica Quirúrgica del Hospital Lucio Molas. Lo atiende un médico, un cirujano plástico. “Viene bien. Pero hoy estuvo gritando de dolor como dos horas. Lo hacen bañar para después curarlo. Tiene el cuerpo en carne viva”, explicó el padre, acongojado.

La realidad de Emiliano es parecida a muchos que se sumaron a la toma. Estaba viviendo en la casa de sus padres, en el barrio Plan 3000, cerca del hospital. Ellos le habían cedido una pieza para que se acomodara, porque la vivienda no es grande. Hasta hace seis meses estaba alquilando y vivía junto a su pareja y su beba, pero se quedó sin empleo, como albañil, y tuvo que recurrir a su familia. La novia también se mudó con los padres.

Los médicos le dijeron a la familia que está fuera de peligro. Aunque la recuperación es lenta. El sueño del terreno y el techo propio, si alguna vez pareció más cercano, ahora quedó alejado.

En el asentamiento del noroeste de la capital hay 180 familias. En medio de la ausencia y la falta de reacción del estado municipal, provincial y nacional, las familias están expuestas al frío, la falta de agua potable, energía eléctrica y sanitarios, y accidentes como el que sufrió Emiliano. Son familias golpeadas por la crisis económica, que vivían hacinadas en casas de sus familiares, o están o estaban alquilando y ya no pueden afrontar ese costo.

Además del asentamiento que se encuentra al lado de la laguna Don Tomás, se formó otro en diez manzanas aledañas al barrio Santa María de Las Pampas. Allí ya hay 140 familias. Mientras tanto, el estado municipal, provincial y nacional, sigue sin reaccionar, ausentes.

 

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