España remontó ante Australia y es finalista

Terminó 95-88 tras dos suplementarios, jugando con enorme claridad los momentos clave: Gasol, Llull y Rubio, las figuras.
Australia encaraba la semifinal ante España con un dato demoledor: 0-8 en partidos por conseguir una medalla mundial u olímpica. Y para meterse en su primera final grande, tenía que voltear al que en esos partidos justamente se crece: España. Fue de España 95-88 tras dos tiempos suplementarios, porque lo quiso más, porque jugó mejor en los momentos clave y porque tiene jugadores diferentes para estos partidos, sobre todo Marc Gasol y Sergio Llull.

Australia mostró sus credenciales físicas tras un arranque en falso (0-5 con dos genialidades de Ricky Rubio) y desplegó una vez acomodado una defensa de roce que complicó mucho a España, que casi nunca pudo tomar tiros cómodos. Igualmente, una excesiva dependencia por momentos de los tiradores hizo que no pudiera sacar ventaja de todo lo bueno que producía atras, por eso el partido fue muy equilibrado de arranque.

La diferencia la hizo Australia en el segundo cuarto, con la misma energía defensiva, sumada a un Patty Mills que no solamente anotaba, sino que generaba muchos espacios con su vitalidad y dinámica en ataque. España respondió de forma extraña, tomando Rubio demasiado protagonismo con su tiro externo, y olvidándose del juego interior, tanto de Gasol como de otros jugadores que tenían ventaja, como Claver por momentos. De todos modos, los oceánicos no supieron romper el resultado porque les faltó puntería en el momento de sacar la máxima de 8 (32-24), dándole vida a su rival.

Australia siguió en su camino hacia la final con mucha solidez desde atrás hacia adelante, apostando a regalarle el tiro exterior a Rubio para que no llegara el juego cerca del cesto, y tampoco a los mejores tiradores españoles. Su problema seguía siendo el mismo. No le ponía los clavos al féretro de su oponente, y eso contra España podía ser fatal. De hecho, el tercer cuarto (como el primero), lo cerró muy mal tras llegar a sacar 11 de máxima (gran juego de Kay, silencioso), apenas 4 arriba (55-51), pese a los errores españoles y una técnica a Rubio. Una zona cajón sobre Mills limitó al tirador, que había sido clave para la escapada.

Australia fue a los 10 minutos finales entonces con toda su carga histórica encima: en cuatro presencias en semifinales en torneo grandes (solo Juegos Olímpicos en realidad), nunca había podido ganar un partido. Esto es, 0-8. Y, por ende, nunca una medalla. Ante España tenía todo para romper con ese maleficio, pero le entró el miedo escénico en el peor momento. Y Marc Gasol cada vez tenía más presencia.

A Australia se le achicó el aro y el corazón de una manera increíble y, de un 70-65 para romperlo con dos minutos y medio en el reloj, eligió mal casi todas sus opciones, mientras que España, aún fallando en algunas, tuvo más categoría y personalidad para definir. Una bola perdida por Mills a 28s del cierre, con Australia 70-69 arriba, fue una muestra más de lo que le faltaba a Australia para ganar el juego. Mills, de hecho, tras España ponerse al frente por 1, falló el libre que lo hubiese puesto en la final, y fueron a tiempo extra.

España pareció quebrarlo de entrada con 5 puntos de la figura de la cancha. Marc Gasol, pero Australia recuperó terreno poniéndose más duro en ofensiva, aunque siempre basado en los mismos actores: Mills y un muy activo Kay, laburador como ninguno. Esta vez fue España la que tuvo que remontar un par de veces un cierre desde abajo, pero estuvo efectivo desde la línea de libres y Australia no pudo tomar un buen tiro para definirlo. Segundo suplementario. La mente ya generaba más errores que aciertos por el cansancio, pero eso le daba un dramatismo magnífico al juego.

El segundo suplementario fue una demostración de la diferencia entre un equipo con mente campeona y uno con potencialidad solamente. España quebró el partido en los primeros tres minutos, metiendo un parcial de 8-0 con dos bombazos de Llull en el momento justo. Australia, una vez más, dejó pasar su chance de jugar una final y de asegurarse una medalla. España, en cambio, se aferró al triunfo cuando tuvo la mínima posibilidad. Justísimo finalista de este Mundial 2019.
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