El compromiso de la pentacampeona

La nadadora porteña quiero que sus resultados sirvan "para transmitir mensajes y valores”.



Pilar Geijo no es una deportista (superexitosa) cualquiera. Esta semana, luego de consagrarse pentacampeona mundial de aguas abiertas, evitó referirse a ella, a su logro. Tras lograr el 4° puesto en la mítica Capri - Nápoles que le dio el nuevo título, prefirió escribir este mensaje en sus redes sociales y explicó por qué.

“Los atletas que más me atraen no sólo son los que ganan. Me llaman la atención los que dejan algo, los que transmiten valores. Quizá porque sea lo que intento hacer yo. Me gusta aprovechar resultados para transmitir ideas: de superación, de cómo sobrellevar situaciones”, comenta esta porteña que está a punto (19 de septiembre) de cumplir 35 años.

Pili tiene una relación simbiótica con el agua pero, a la vez, una capacidad especial para superar obstáculos y momentos difíciles. “Mis carreras son muy largas, tenés que estar nadando durante 7/8 horas. Y me ha pasado estar muy cansada, llena de dolores, descompuesta, con ganas de parar e irme a casa. Es inevitable en distancias así, algo siempre sucede, se te pasan muchas cosas en la cabeza. Ahí es cuando aplico mi rutina mental. Me digo a mí misma ‘si querés rendir, rendite. Pero con una condición: seguí braceando’. Mi plan es eso, imaginarme abandonando pero sin hacerlo. Y ahí es cuando siento si eso es lo que quería. Si no lo es, tengo la chance de seguir porque aún estoy nadando. Me ha pasado, el sentir que abandonar no es lo que realmente quiero, que luego me voy a sentir peor por haberlo hecho. Y entonces sigo. Me ha pasado de ponerme triste, incluso a llorar cuando lo he imaginado. Y después, cuando abro los ojos, veo que sigo braceando y me siento feliz. Es un juego mental que me da fuerzas”, explica con claridad.

Geijo tiene una mentalidad de hierro que le ha permitido mantenerse en la elite de su deporte durante 11 años. “Sí, eso es una clave. Una de varias. La principal es disfrutar lo que hago. De lo contrario, no aguantás. La otra es creer en uno mismo en los momentos malos y buenos. También es clave el entorno, estar con gente positiva y con ambición. Y, por último, no sentirte tan bien en los buenos momentos ni tan mal en los malos. Yo nunca fui extremista y siento que encontré equilibrio muy bueno que me mantiene emocionalmente bien”, analiza.

Pilar ha ganado el título en 2010, 2011, 2014, 2015 y 2019, y nunca estuvo afuera del top 5. “Cada uno es distinto. El primero fue especial, el más emocionante, porque cumplí el sueño de mi vida. En el último, el del 2015, me preguntaba si lo iba a volver a ganar. Pasaron cuatro años y lo logré. Es el símbolo de mi vigencia. Un poco es una sorpresa y otro poco no. Porque siento que a los casi 35 años estoy en mi mejor momento”, explica quien el año pasado ingresó al Salón de la Fama de las aguas abiertas y batió el récord Guinness en el cruce del Río de la Plata.

- Cada día más deportistas aseguran que su mejor momento es después de los 30. ¿Por qué?
- Uno a veces cree que, cuando más joven sos, más fácil es. Pero el físico no es lo único. En mi especialidad creo que es la mejor edad porque, en carreras tan largas, juega mucho la experiencia y la cabeza para bancarse tantas horas en el agua, con frío, con olas, en distintas condiciones a las que uno debe adaptarse en un circuito con competencias tan distintas. Yo siento que he capitalizado mucho el aprendizaje, en lo físico, lo estratégico y lo psicológico.

Pilar, queda claro, es una mente distinta. Por eso piensa más que en natación. Se recibió de periodista en el Instituto River Plate y dedica buena parte de su tiempo a ayudar a los demás. Geijo fue de las primeras deportistas que se sumó al que es hoy la iniciativa social más importante relacionada al deporte. Se trata de Huella Weber, el programa solidario que hace ocho años inició la empresa Weber Saint Gobain para ayudar a mejorar la infraestructura de los lugares que eligen sus embajadores. Pili arrancó con el Ringo Boxing Club del ex boxeador Pedro Franco, donde obviamente se practica boxeo pero a la vez sirve de contención social para muchos chicos de San Francisco Solano.

Después motorizó la refacción de los vestuarios de la pileta del club Nueva Chicago. El año pasado ayudó a una escuela especial en Paraná y, cuando cruzó el Río de la Plata, colaboró con un club humilde del barrio Monasterio de La Plata que tiene una escuelita de fútbol.

“Es una satisfacción ser una pionera de la Huella y haber experimentado tantas emociones, sobre todo algo particular que sentí cuando fui transitando estos años. Ayudar le da más sentido a mi carrera. Un resultado en sí me parece poco sino va acompañado por algo más, un mensaje, una ayuda. Es lo que hablábamos antes, de la importancia de un deportista comprometido con la realidad. Yo siento que ganar una carrera, un título, me tiene que servir para algo más. Y creo que el círculo se cierra cuando devuelvo algo al otro. Ayudar me llena, eso me lo despertó Weber en mi vida. Y todo esto que hago le da más sentido a los resultados”, resalta Pilar, quien hace poco acompañó a Yésica Bopp (otra embajadora de Huella Weber) a su nuevo proyecto y está con la misma ilusión de ayudar que cuando comenzó hace ocho años.

“Estamos estudiando varias opciones para ver con cuál avanzamos. Ahora, cuando vuelva al país, lo definiremos. Tengo muchas ganas”, informa. La madurez de una mujer que es mucho más que una deportista exitosaà
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