Adiós a Talamonti

El “bohemio del fútbol” fue mano derecha de Ángel Labruna en cada club que estuvo. Trabajó en Atlético Santa Rosa, Matienzo de Luiggi y Juventud de Quehué.

“Yo fui el primer ayudante de campo remunerado del fútbol argentino. Los de hoy me tendrían que hacer un monumento”, le confesó Rodolfo Talamonti a Diego Borinsky en una entrevista en El Gráfico en noviembre de 2010, donde recordó cómo ingresó al mundo del fútbol y otras anécdotas siempre ligadas a River Plate.

Talamonti, quien fuera mano derecha de Ángel Labruna, tuvo un recordado paso por el fútbol pampeano donde estuvo en dos períodos en Atlético Santa Rosa, una temporada en Matienzo de Luiggi y otra en Juventud Unida de Quehué en la Primera “B” de la Liga Cultural.

Ayer por la tarde, en Alta Gracia, donde residía, falleció a los 87 años uno de los personajes “queribles” que pasó por el fútbol pampeano dejando una huella imborrable en los tres clubes en los que trabajó.

Su paso por La Pampa

El Beto Alonso se acercó a la línea de cal y le reprochó: “¿Para esto me trajiste, para esto?”. Talamonti a un costado le hizo una sonrisa y abrió los brazos. Es que River Plate vino a Santa Rosa para enfrentar al Albo en los años ochenta y Lucio Gamaleri, un 8 que corría sin descanso, lo borró de la cancha al Beto que le terminó recriminando a “Tala”.

Rodolfo Talamonti, “un bohemio del fútbol” como lo define Tito Mansilla, llegó a Santa Rosa a comienzos de 1984 y le abrió su agenda de contactos al fútbol pampeano.

Gracias a él, vinieron a jugar a La Pampa: River Plate (en dos oportunidades), Racing Club, Argentinos Juniors, Huracán, San Lorenzo de Almagro, Sarmiento de Junín y hasta la Selección Argentina Juvenil.

“Llegó después del Torneo Nacional. Vino sobre fines del 83 y asumió en el 84 porque Labruna murió en septiembre del 83 cuando dirigía a Argentinos Juniors y Talamonti era el ayudante de campo. Quedó en los últimos dos o tres partidos como entrenador”, recuerda Mauricio Marusich, amigo de Talamonti.

“Una de las alternativas en aquellos años era traer un técnico de renombre para intentar clasificar otra vez al Nacional. Se juntaron con él en un hotel en Buenos Aires. Fueron Scovenna, Battistoni y el Toro Sánchez, y lo contrataron”, cuenta.

Talamonti llegó a Santa Rosa para dirigir el torneo de Liga de 1984, un certamen que aún se recuerda por estos días, ya que lo había ganado Atlético Santa Rosa, pero una protesta de All Boys por un detalle en el telegrama con el que el Albo incorporó al juvenil cordobés Ceballos obligó a disputar nuevamente la Liguilla y allí el campeón fue el Auriazul gracias a la picardía en los escritorios de Ramón Turnes.

Talamonti era un bohemio, con una valija llena de historias que compartía en cada entrenamiento con los futbolistas pampeanos. “Era un motivador”, lo recuerda Marusich, que además destaca que gracias a él vinieron a La Pampa varios equipos de Primera División de AFA.

De la vieja escuela

Tito Mansilla lo definió como un “entrenador de la vieja escuela” y recuerda una anécdota: “Nosotros con Daniel Petrucci éramos muy compinches, él jugaba de 9 y yo de 5 o por izquierda y nos buscábamos continuamente para construir paredes. Habíamos llegado los dos de Morón y nos conocíamos, íbamos a los entrenamientos juntos”, cuenta.

“Un día Talamonti se nos acercó y nos dijo que había cierta bronca entre los compañeros porque decían que jugábamos entre nosotros nada más. Entonces Talamonti nos dice: muchachos no vengan más juntos a entrenar, venga uno primero y el otro después. Cuando empiezan a correr vaya uno adelante y el otro atrás”, cuenta Tito y subraya el “buen ojo” y la experiencia que tenía el entrenador para resolver situaciones de grupo.

Talamonti dirigió en dos períodos a Atlético Santa Rosa (1984-85 y 1991), a Matienzo de Luiggi (1986) y a Juventud Unida de Quehué (1991). Gracias a él, entre otros, llegaron dos futbolistas reconocidos al fútbol pampeano: Eduardo Savarese, exfutbolista de River, a Atlético Santa Rosa, y Guillermo Rivarola a Matienzo de Luiggi, antes de jugar en Cipolletti y de consagrarse en River Plate.

El mundo del fútbol

“Por la puerta de mi casa pasaba el tranvía 35 que iba a Barrancas de Belgrano, me subía y me iba a los entrenamientos de River. Me ponía en la cancha y miraba los entrenamientos. Me hice amigo de Moreno, Pedernera, Loustau, Amadeo Carrizo, Ángel Labruna, Muñoz, de Pipo Rossi... estaba todos los días ahí”, así fue como ingresó Rodolfo Talamonti al mundo del fútbol.

“Tala” era un libro abierto con mil historias y anécdotas. A fines de los años sesenta, River perdió unos cuantos campeonatos de forma insólita y decidieron prescindir de Ángel Labruna como entrenador. En solidaridad con su amigo, Talamonti dejó de ir a la sede del Millonario y comenzó a manejar un taxi donde estuvo durante 12 años. También fue camionero donde cubrió el trayecto Buenos Aires - Tucumán trasladando azúcar, trabajó en una casa de repuestos de autos y en una lanería.

Pero su destino (y su pasión) era el fútbol. Una tarde se encontró con su amigo Labruna que se iba a reunir con dirigentes de Rosario Central. “Arriba está Vesco, el presidente de Central. Quiere contratarme, pero yo no quiero ir, así que voy a pedir un fangote de guita. Vos callate y escuchá”, le solicitó.

“Labruna ganaba 250.000 pesos por mes y pidió un millón. Se lo dieron. Después pidió 500.000 para el profe Torrecillas y 250.000 para el flamante ayudante de campo.

“¿¡El qué!?”, le preguntaron. “Me va a ver los rivales, trabaja conmigo en el campo, es mi ayudante”, les contestó Labruna y no dejó espacio para la negativa. “Yo sacaba 25 pesos por día en el taxi y pasé a ganar 250.000 por mes más la casa y la comida en Rosario, no lo podía creer. Yo fui el primer ayudante de campo del fútbol argentino”, contó a la revista El Gráfico.

Fue testigo directo del gol de palomita de Aldo Pedro Poy en el Nacional del 71, más tarde fue clave en el campeonato de River en el 75 donde cortó la racha de 18 años sin títulos de la mano de Labruna como DT y Talamonti de ayudante.

“En el Metro 75, el equipo le sacó 8 puntos de ventaja al escolta, aunque llegando a la ansiada meta esa diferencia se diluyó. “Nos agarró el cagazo a todos, Ángel también estaba cagado. “No puede ser que nos agarre esta malaria ahora que estamos por ser campeones”, me decía, pero por suerte Alonso reapareció con San Lorenzo y metió los dos goles del triunfo”, recordó.

El fútbol y la vida

Además de los equipos pampeanos dirigió a Argentinos, Racing de Córdoba, Desamparados de San Juan, Cipolletti de Río Negro, Tiro Federal de Catamarca y Magallanes de Chile.

Antes de irse a vivir los últimos días a su Alta Gracia, trabajó en la pensión de River en la gestión de Daniel Passarella -con el que también fue ayudante de campo mientras fue entrenador del Millonario- del que guardaba un buen recuerdo porque le “dio una mano” en momentos difíciles.

Ayer, se apagó la luz de un “libro viviente”, repleto de anécdotas, como lo fue Rodolfo Talamonti, el “Tala”. Sus cenizas viajaron anoche desde Córdoba y hoy serán esparcidas en el estadio Monumental de Núñez.

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